La zona sur del casco histórico de Madrid, desarrollada sobre empinadas cuestas entre antiguos terrenos abarrancados, está ocupada en su parte oriental por el barrio de Lavapiés, un barrio que siempre ha sido el más populachero dentro del Madrid tradicional.

Antes, Lavapiés era un barrio castizo por excelencia, ahora se ha convertido -en gran parte- en un Chinatown ocupado por una inmigración que trasiega por las tiendas al por mayor entre la plaza que da nombre al barrio y Tirso de Molina.

Primero fue un barrio de judíos, después de “manolos” y de trabajadoras de la Tabacalera y otras industrias aledañas, luego hubo okupas y, por último, inmigración china, árabe y africana. Podría considerarse Lavapiés como el primer barrio periférico de Madrid, limitado ya a finales del S. XVIII por la última cerca de 1625.

Predominan las corralas, un legado del patrimonio arquitectónico popular y literario que actualmente se han puesto de moda como vivienda para jóvenes solteros. La topografía es un primer factor condicionante del paisaje del barrio, con calles interminables que curvean entre un caserío abigarrado donde el tránsito no resulta fácil.

Las curvas y las pendientes -por otro lado- ofrecen unas perspectivas únicas de Madrid.  El punto de fuga es el caserío (no suele pasar las cinco plantas) que conserva características decimonónicas, sobre todo en calles como Ave María u Olivar.

Más información en El pisaje urbano de Madrid, de Álvaro Blázquez Jiménez.