Alcorcón, municipio a trece kilómetros de Madrid en dirección suroeste, es de origen árabe. Su nombre, se deriva del vocablo “algor” o “algur” cuyo significado es “collado, colina, altozano”. Y, en efecto, su denominación responde a su situación topográfica con respecto a Madrid.

La leyenda que contamos a continuacíón se remonta al S. XV, cuando Colón partió hacia las Américas acompañado de una gran tripulación. Alonso de Montalbán, había sido aposentador junto a los Reyes Católicos. En su expedición le acompañaba un tal Rodrigo, hijo de Alonso de Mendoza, procedente de una familia que vivía en Alcorcón y que se encargaba de mantener el Templo Parroquial de Santa María la Blanca.

La travesía de regreso a España fue muy accidentada, ya que se vieron sorprendidos por un grupo de cocodrilos tuviéndose que refugiar en la isla de Portobelo. Cuando pensaban que estaba a salvo fueron atacados por uno de ellos.

En esos momentos de pánico, la mujer de don Alonso exclamó “Remédianos Virgen Santa”. En ese preciso instante se oyó un crujido y un tronco de un árbol se abrió de arriba abajo, apareciendo dentro del mismo una preciosa imagen que fue bautizada como Virgen de los Remedios.

La caída del árbol provocó la muerte del animal que fue traido a Madrid para ser disecado. Rodrigo fue quien se encargó de proteger -durante el camino de regreso- la imagen de la Virgen.

La familia Montalbán erigió un altar en la Iglesia de San Ginés donde colocó a la Virgen de los Remedios y al reptil que causó el milagro. Hubo un tiempo en que el cocodrilo pendía del techo y el lugar era conocido como “Capilla del lagarto”.

Los padres de Rodrigo de Mendoza, agradecidos de la suerte que había corrido su hiji, decidieron construir una ermita en una de sus fincas cercana a Alcorcón y en ella se empezó a venerar lo que con el tiempo se convirtiera en fábula de Alcorcón.  

Más información en “Pueblos con leyenda de la Comunidad de Madrid” de Amalia Fernández.