Aunque menos visitado que otros de la capital, el Museo Cerralbo es uno de los más interesantes de Madrid por la colección permanente que exhibe, por el edificio que lo alberga y porque un recorrido por sus salas supone una inmersión en la vida aristocrática europea de finales del siglo XIX. Se sitúa en un palacete muy próximo a la plaza de España que se concibió desde su construcción con la doble función de vivienda de la familia del Marqués de Cerralbo y museo para conservar las obras de arte que atesoró durante décadas.

La existencia de este museo se debe a la preocupación de los herederos del Marqués por mantener la colección agrupada, lo que los llevó a establecer un legado testamentario a favor del Estado, que se hizo efectivo en 1922. La colección reúne pinturas, muebles, relojes, porcelanas, dibujos, lámparas, esculturas, armas y armaduras, textiles, libros, monedas y objetos arqueológicos que se distribuyen por las estancias del palacio en las que discurrió la vida de sus primeros moradores. El patio interior y el recoleto jardín aseguran una luminosidad a los espacios que es parte del lujo de la mansión.

El visitante del Museo Cerralbo se sorprende por la majestuosidad del acceso y la Escalera de Honor, de doble rampa, y la admiración se mantiene a lo largo de todo el recorrido. El Comedor de Gala puede dar una idea de cómo debían de ser los banquetes en la clase alta madrileña de entonces y las galerías están repletas de cuadros, esculturas, relojes y muebles que demuestran el gusto de sus propietarios. Pero la estancia más destacada es el Salón de Baile, decorado con mármol, sedas, metales preciosos, espejos venecianos y el retrato del Marqués en uno de sus rincones.

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