La afición por las tabernas tuvo también su importancia en el Siglo de Oro, y era ofensa grandísima el que a uno le llamasen borracho. Para hacernos una idea basta recordar los improperios que se lanzaban los escritores; Góngora, por ejemplo llamo a Quevedo “Francisco Quebebo” y a Lope “Lope de Beba”. Los ambientes tabernarios, por tanto, dieron bastante juego a los escritores; recordemos que Cervantes tuvo un idilio con una tabernera de la calle Tudescos. Pero son más las referencias que nos han llegado.

Sabemos de este tipo de locales en Madrid desde la Edad Media, entre los que destacan el Mesón de Arias o el arrabal de San Ginés o el famosos Mesón de Paredes en el barrio de Lavapiés, que parece retrotraerse al siglo XV. También sabemos que había distintos tipos de consumiciones como podía ser la aloja (vino aguado con miel, jengibre, pimienta y clavo) y la carraspada (vino hervido con especias y azúcar) y por supuesto el vino.

En la corte había varias categorías en función del coste eran divididos entre preciosos y ordinarios. Ejemplos de vinos preciosos eran los de San Martín de Valdeiglesias y Cebreros, cuyo elevado precio les daba nombre a su categoría de “preciosos”, con el aliciente añadido de que el vino de San Martín era tan afamado que los propios médicos lo recomendaban como remedio para muchos males, tanto es así que se le llegó a llamar “vino santo” o “vino devoto”.

Otra categoría eran los vinos turcos y los bautizados, paradójicamente en un país tan católico como España el vino malo era el bautizado pues se entendía como tal aquel vino al que se le había echado agua, lo cual suponía un grave delito como así lo refleja el libro de acuerdos del Consejo madrileño ya en 1481, en cuyas cláusulas se condena a cien azotes al tabernero que se pillase en tal entuerto.

Texto incluido en el libro ‘Cervantes, Madrid y el Quijote’

La semana próxima se cumple una efeméride tan esperada como digna de celebrar, hablamos del cuarto centenario del fallecimiento de Miguel de Cervantes que se cumplirá en apenas unos días. Son muchos los actos institucionales previstos a lo largo de este año para conmemorar este hito y en Ediciones La Librería también nos hemos querido sumar a este homenaje a uno de los grandes genios de las letras, con la publicación de este interesantísimo ‘Cervantes, Madrid y el Quijote’. Escrito por Miguel Zorita, este libro nos propone un sugerente viaje en el tiempo para recorrer ese Madrid que conoció y habitó Miguel de Cervantes, la que sería su casa donde tantos años. A través de sus hojas, el lector protagonizará un recorrido por los lugares claves de la Villa para el escritor alcalaíno como los Estudios de la Villa, la Calle de la Reina, la Imprenta de Juan de la Cuesta o el mediático en los último tiempos Convento de las Trinitarias. Para poner contexto y escenario a la vida de Cervantes el autor nos hablará de cómo era la vida y el día a día en aquella capital del Siglo XVII, una urbe de unos 90.000 habitantes. Conoceremos los tipos de vecinos con los que convivió el autor del Quijote, los comercios de aquel Madrid, sus tabernas y mancebías así como costumbres. Madrid le debe mucho a Cervantes, que buen pudieran haber huido del ajetreo de la capital y siempre volvió a ella. Tuvo la posibilidad de haberse quedado en Esquivias disfrutando de una apacible vida rural o reengancharse, como su hermano Rodrigo, al ejército cuando volvió a Árgel, pero decidió quedarse. La deuda, no obstante, es mutua pues Cervantes debe mucho también a la Villa y Corte ya que en ella conoció el amor, fue padre o publicó sus libros. Ahora, cuatrocientos años después de su fallecimiento, este libro resucita el espíritu del ilustre autor y nos brinda la opción de pasear por el Madrid que nos legó y que el mismo habitó. Un viaje de la mano de Cervantes al Siglo de Oro de Las Letras que nos ayudará a comprender el mundo, inquietudes y anhelos de uno de los personajes más relevantes de la literatura universal.