Hoy nos plantamos de golpe en un día cualquiera de 1934. A juzgar por las prendas de los viandantes que observamos, debemos estar en una jornada primaveral. Rutina y vida tranquila a los pies de la Puerta de Toledo, uno de los nobles accesos de Madrid, mientras el país se encaminaba hacia una guerra que terminaría por fraccionarlo en dos.

Nos llama la atención como tiempo atrás los peatones podían circular plácidamente por el arco central de la colosal puerta, a través de una blanca escalinata de la que ya nada queda. Mientras en su perímetro, tranvías y carromatos se arremolinaban  en un ordenado caos del que siempre supo hacer gala el Madrid más castizo.

Imagen incluida en el libro ‘Madrid 500 fotografías antiguas