Los puestos del mercado navideño eran unas simples tablas de madera que los propios vendedores montaban. La plaza, muy populachera durante todo el año, se veía muy animada estos días, ya que se vendía hasta muy tarde, principalmente la noche en que llegaban los Reyes Magos. En los años posteriores, el Ayuntamiento intentó reducir la venta callejera, que sobre todo, en el caso de los comestibles, tenía muchos inconvenientes de higiene y sanidad.

Para controlar estas ventas, se contó con una furgoneta de inspección que llevaba radioteléfono, en coordinación con la delegación de Abastos y la Policía Municipal. Esta plaza se llamaba con anterioridad plaza del Progreso. Después de la contienda civil se cambió la denominación por la de Tirso de Molina, inaugurándose la estatua de este personaje en 1943. Desapareció así la de Mendizábal, que hasta entonces había estado en ella. Además se procedió a la sustitución del arbolado.

Imagen incluida en nuestro Estuche de Imágenes Antiguas de Madrid.