En verano florecían los puestos de melones en todo Madrid, aunque era en la feria que se celebraba durante el mes de septiembre en las Vistillas donde sandías y melones lucían con mayor esplendor. Llegaban los carros de Añover, Villaseca o Villaconejos. El melonero se instalaba con su mercancía directamente en el suelo y pregonaba el género. Cando llegaba la paroquiana a comprar, cogía el melón con las dos manos, lo pesaba, lo olía, lo apretaba y con un movimiento rápido y seguro de su navaja, lo calaba y lo daba a catar, esperando que fuera del agrado de los clientes. Al pie de la cuesta había años atrás un portillo de madera y la pendiente era campo de batalla para los juegos de los muchachos.

Fotografía incluida en el Estuche de Imágenes de Madrid Antiguo,