Día 15 de mayo de 1620. Todo Madrid está llamado a celebrar en la Plaza Mayor la beatificación de su Santo Patrón, San Isidro, pronunciada por Paulo V, el 14 de junio del año anterior. Se reúnen los pendones, cruces, cofradías, clerecías, alcaldes y regidores y alguaciles de 47 villas y lugares. Comienza una procesión con 156 estandartes, 68 cruces, 19 danzas, ministriles, trompetas y chirimías. El cuerpo del beato Isidro es colocado en el arca de plata que para él ha fabricado el gremio de plateros de Madrid y que costó 40.000 ducados. Llega desde Aranjuez la Familia Real. Se arma un castillo de fuegos artificiales que por descuido se quema antes de tiempo, y por los festejos, que se prolongan durante seis días, hay abundancia de juegos de máscaras y danzas. Una justa poética, con nueve temas que propuso la villa, cerró los fastos. Por cierto, el secretario de este certamen fue  Lope de Vega. Hubo la noche anterior danzas, mascaradas y fuegos artificiales. Un cronista de la época, escribe con detalle todas las pompas del acontecimiento.

“El viernes se descubrieron 9 altares y 3 arcos que estaban hechos en las calles que había de andar la procesión, que su camino fue salir de San Andrés, por la Puerta de Moros, al Humilladero, luego por la plaza de la Cebada, a la calle de Toledo, y por ella a la Plaza Mayor, Calle Nueva, Puerta de Guadalajara, Platería Plaza de San Salvador y por ella al a del Cordón. Y por allí a San Pedro y San Andrés. Los nueve altares fueron de rico y curioso adorno: el primero lo hizo la religión de San Francisco junto al Humilladero de la Plazuela de la Cebada, junto a la Concepción Francisca puso la Villa un arco triunfal; el hospital de la Pasión, el de la Latina y San Millán, en su sitio levantaron el segundo alter, le tercero la Compañía de Jesús, en la Calle de Toledo, el cuarto las religiosas Merecedarias; en la misma calle a la salida de ella, Madrid labró otro arco diferente; en la Plaza Mayor los religiosos Dominicos el quinto altar, el sexto en la Puerta de Guadalajara los de la Santísima Trinidad; en la plaza de San Salvador los Agustinos el séptimo; en la misma plaza otro arco la Villa; al salir de la plaza hacia la del Cordón el octavo altar los Carmelitas y junto a la Parroquia de San Pedro el nono a los Mínimos. Las fiestas y regocijos seculares, también alegraron la Corte con máscaras, fuegos, carros y encamisadas, que duraron  ocho días; en la Plaza Mayor se armó un castillo, etc… Por término de estas festividades, abrió el Ayuntamiento público certamen poético ofreciendo hasta nueve premios, que disputaron los más esclarecidos ingenios, llamados a ilustrar la Corte de Felipe IV. Designado para desempeñar la plaza de Secretario en el tribunal que debía de adjudicarles el gran Lope de Vega, gloria del nombre madrileño, escribió el Fénix de los ingenios españoles la relación de aquella justa intelectual, que imitada en el siguiente reinado una y otra vez, debía enriqueces el parnaso castellano con muy peregrinas producciones, caracterizando al par la decadencia de las letras españolas”

Texto incluido en el libro ‘Plaza Mayor de Madrid, cuatrocientos años de historia