El metro de Madrid, inaugurado tras muchas dificultades en 1919, alcanza en la actualidad, entre todas sus líneas, una extensión de trescientos kilómetros. Hoy día continúan sus planes de expansión y de recuperación de espacios históricos.

Desde 2008 se puede visitar la estación fantasma de Chamberí, ubicada en la línea 1, entre las estaciones de Iglesia y Bilbao, bajo la plaza de Chamberí. Yo lo hice. Muy bien acompañada por Lino Ossorio, concerté una visita guiada y disfrutamos de otra manera de ver la ciudad.

Este mito del subsuelo madrileño, cerrado desde 1966, es en la actualidad una especie de museo en cuyo centro de interpretación se explica cómo el nacimiento y ampliación de la red del suburbano supuso un cambio fundamental en las costumbres de los habitantes y en la estructura social de la ciudad.

En la visita pudimos ver la estación completamente restaurada: muros, bóvedas, carteles publicitarios, mobiliario y andenes se mantienen tal y como estaban en 1919. Tras hacer un recorrido desde las taquillas hasta el andén, disfrutamos de la proyección de un vídeo documental y de parte del histórico pasado de ese trocito de Madrid, que tanto ha visto y que, en tiempos de guerra, también sirvió de refugio.

No hay urbe que se resista a venerar su propia historia subterránea. En el centro histórico de la Ciudad de México, por ejemplo, existe una serie de túneles interconectados, construidos durante la conquista española, algunos incluso en tiempos del Imperio azteca, que parten del que fuera el Palacio Negro, la cárcel más macabra del país. El tema ha dado para exposiciones y libros, tanto como otros subsuelos famosos que laten en las entrañas de nuestro planeta, del que aún queda mucho por descubrir.

Recientemente se publicó que un equipo de investigadores había desvelado el último gran misterio de Europa al descubrir una red de túneles con doce mil años de antigüedad que cruza todo el continente y en The Guardian se hicieron eco del hallazgo del Campamento Century, un proyecto militar estadounidense de alto secreto oculto bajo el casquete de hielo de Groenlandia, que data de los tiempos de la Guerra Fría y que parece que quedará al descubierto en cuestión de décadas si las temperaturas siguen subiendo al ritmo actual.

El caso es que a las generaciones venideras les queda mucho camino que andar por encima y por debajo de la tierra.

Texto incluido en el libro ‘Madrid, caminando la ciudad