En el año 1923, dentro de los planes de la Ciudad Universitaria, se decide reformar el trazado del viejo tranvía con dos ramales: uno hacia el campus y otro hacia los jardines del Palacio de la Moncloa, que por aquel entonces estaban abiertos al público. Para ello, era necesario atravesar el arroyo de Cantarranas, con un desnivel importante, lo que precisaba la construcción de un viaducto. Se le encara el proyecto al ingeniero Eduardo Torroja y se construye esta gran obra en 1935, compuesta por dos arcos gemelos de 35 metros de luz y 18 de altura, sobre los que apoya la palizada que sostiene el tablero. Toda la obra se construyó de hormigón armado y la bautizaron popularmente como viaducto del aire por su aparatosidad sobre el paisaje de esta zona de la ciudad.

Pero tan magnífica y costosa obra sólo prestó servicio un año, hasta el inicio de la guerra civil, en 1936, cuando desapareció la línea del tranvía que por ella pasaba ¿Y qué fue de esta viaducto? Entrados en la democracia y elegido el Palacio de la Moncloa como sede de la Presidencia del Gobierno, se llevó a cabo en la zona un proceso de rellenado y explanación de terrenos para ampliar el complejo presidencial, dentro del cual quedó el viaducto prácticamente soterrado y cuyo tablero pasó a formar parte del perímetro de seguridad del recinto. De esta manera “uno de los valles más hermosos de la ciudad” en palabras de Torroja, quedaba absorbido por las edificaciones del complejo, una obra llamada del aire que terminó prácticamente bajo tierra.

Texto incluido en el libro ‘Disparates de la Historia de Madrid’