El edificio que es sede principal del Banco de España es una joya arquitectónica y artística, por dentro y por fuera. Está situado en uno de los puntos más emblemáticos de la capital: en la plaza de Cibeles, con fachadas a la calle de Alcalá, al paseo del Prado y a las calles Madrazo y a Marqués de Cubas. Allí se asentaba el palacio de Alcañices, que el Banco compró a su dueño, el duque de Sesto.

Los arquitectos Eduardo Adaro y Severiano Sainz de la Lastra proyectaron el nuevo edificio, y ganaron por ello la medalla de oro de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1884. Las obras finalizaron en 1891.

En sus fachadas, se repiten los frisos decorativos, lo suficientemente sobrios para que el edificio transmita esa sensación de firmeza y estabilidad. Tras sucesivas ampliaciones, a lo largo del siglo XX, la manzana se cerró en 2006 con la aportación de Rafael Moneo, entre Alcalá y Marqués de Cubas. Allí la decoración ha pretendido seguir al original, aunque sin disimular el carácter más contemporáneo de los trabajos: una idea original y sencilla a la vez, que resulta muy grata de contemplar.

En su interior, el Banco de España es muy rico: lo es por su colección de obras de artes, entre las que se incluyen ocho Goyas. Y. como no mencionarlo, por su cámara acorazada subterránea, a la que se llega tras innumerables medidas de seguridad, entre las que se incluye un pozo que se inunda con agua de un cercano viaje de agua, en caso de detectarse la presencia de intrusos. Todo ello, para guardar la sala donde aún hoy se guardan los lingotes de oro que atesora la entidad. El edificio del Banco de España es bien de interés cultural desde el año 1999.

Texto incluido en el libro ‘500 Ideas para descubrir Madrid