En el diseño original de la fuente de la Cibeles no estaba previsto protegerla con ningún tipo de elemento separador, pero en grabados de principios del siglo XIX, cuando se encontraba situada en una orilla del paseo del Prado, se observa que estaba rodeada por unos pivotes y una alambrada. En grabados posteriores se puede advertir la existencia de una reja  de forja muy simple.

       Fue en 1895 cuando se instala una protección de artística rejería, coincidiendo con el desplazamiento de la fuente hasta el centro de la plaza. Durante la guerra civil, todo el monumento fue protegido con sacos terreros, y al finalizar la contienda, dentro de uno de los numerosos trabajos de restauración y conservación, se eliminó esa bella verja que la había protegido de cualquier invasión incívica, y fue sustituida por una franja ajardinada.

      Nada se volvió a saber de esa notable obra de hierro que había protegido a la diosa durante cincuenta años. Todos la dieron por desaparecida, quizá enterrada entre los escombros de algún almacén municipal, o vendida como chatarra.

     Pero no. La verja de la Cibeles existía, prestaba servicio y se encontraba en perfectas condiciones. Quiso la casualidad, que un buen día de marzo de 1984, mi compañero fotógrafo del diario YA, Gabriel Carvajal, se presentará en la redacción con una curiosa foto que había hecho, camino de la Casa de Campo. Se trataba de una bonita verja que custodiaba la entrada al recinto de la entonces banda de cornetas y tambores de la Policía Municipal.

     Algo me hizo sospechar  que no era una verja cualquiera, que me sonaba haberla visto en alguna fotografía o grabado. Efectivamente, hechas  las oportunas comprobaciones, estábamos ante la verja de hierro fundido que había rodeado la fuente de la Cibeles. Meses antes, técnicos municipales que estudiaban ampliar esa reja y prolongarla a toda la parcela, ya habían apreciado que se trataba de una pieza muy antigua, cubierta con alambre espinoso.

     La teoría es que, cuando fue desmontada, alguien la dio por inservible y la mandaron al almacén municipal de la Casa de Campo, donde fue rescatada para reutilizarla en la sede del Escuadrón y Banda de la Policía Municipal, desconociendo su origen histórico. Probablemente esta iniciativa, impidió que la obra de hierro forjado, sucumbiera, enterrada con el paso de los años. Una casualidad, restauró el error de abandono cometido en su día.

Texto incluido en el libro ‘Disparates de la historia de Madrid