Se trata de una talla en marfil, realizada en el taller real de San Isidoro de León, en el año 1063. Esta imagen de Cristo crucificado logra una admirable combinación entre la majestuosidad y la sencillez. Su color es blanco marfil, con pequeñas incrustaciones de azabache. Se considera que fue el primer crucifijo medieval hispánico que incorporó la imagen del Redentor. Hasta entonces, las cruces tenían incrustaciones y pedrería, pero no imágenes.

El Cristo, de cuatro clavos, viste un perizonium o paño de pureza hasta las rodillas, con un esmerado dibujo de los pliegues. El crucifijo mide medio metro de altura y posee diversos relieves. En la parte superior hay una novedosa representación de Cristo resucitado. A sus pies aparece Adán, causante de la caída del hombre, junto con escenas del Juicio Final. En los bordes de la cruz latina se representa a los justos, en su ascensión a los cielos, y en sentido contrario a los condenados. Si nos colocamos por detrás, veremos en los extremos de la cruz a los cuatro evangelistas, y en el centro,  el Agnus Dei o Cordero Pascual. Hay también una serie de escenas de lucha entre hombres y animales, representando la pugna entre el bien y el mal, o la lucha contra el pecado, tal y como recoge el Liber Ordinum de la liturgia hispano-mozárabe: «No lances a las bestias, Señor, a las almas que te reconocen; no olvides a las almas de tus pobres…» Además, en la parte posterior hay un pequeño receptáculo para una reliquia de la cruz de Cristo o «Vera Cruz».  El rey Fernando I de León y Castilla llevaba esta imagen en sus batallas durante la reconquista, y posteriormente la donó al monasterio de San Isidoro, lugar en que él y su esposa fueron enterrados.

Los crucificados de marfil fueron muy solicitados para la devoción privada entre los siglos XVI y XIX. En Madrid tenemos excelentes ejemplos de  eboraria religiosa de los cuales mencionamos varios a modo de ejemplo: El crucificado de marfil de Claudio Beissonat, en la Academia de San Fernando, el crucificado de Alonso de Mena, en la sacristía de San Antonio de los Alemanes, el cristo de marfil y carey de San Antonio de la Florida, etc. Al pertenecer muchos de estos cristos marfileños al patrimonio privado y no al público, es frecuente encontrar verdaderas obras maestras de esta técnica en las subastas madrileñas y en colecciones extranjeras de arte.

Esta pieza del Siglo XI se puede admirar en el Museo Arqueológico Nacional (Calle Serrano 13)

Texto incluido en nuestro libro ‘Cristos y Vírgenes de Madrid