Comencemos el periplo por el Madrid medieval cristiano en la hermosa plaza de la Paja en el barrio de La Latina. Aquí, el palacio de los Vargas forma junto con la capilla del Obispo uno de los poco lugares de la ciudad cuyo aspecto es similar al que tenía a finales de la Edad Media e inicios de la Edad Moderna. Fue mandado edificar en los últimos años del siglo XV por Francisco de Vargas y Medina, que era consejero de los Reyes Católicos y de su nieto, el emperador Carlos. Desde entonces, el noble edificio ha sufrido los vaivenes de la historia. Fue saqueado durante las guerras de las Comunidades en la segunda década del siglo XVI debido al apoyo de la familia al emperador Carlos. Poco después en 1541, sufrió un espantoso incendio cuando era la residencia cardenalicia de su eminencia don García Loaysa y Girón. El cual, según la leyenda, se arrojó por una de las ventanas para escapar de las llamas. Sus plantas inferiores fueron acondicionadas en el último cuarto del siglo XIX como sede del Teatro y Café España, función que cumplió hasta casi finalizar la centuria.

Durante el mismo periodo las plantas superiores sirvieron como oficinas de la Caja de Imposiciones, más popularmente conocida como la Caja de los Pobres, la cual guarda el dudoso honor de haber sido el lugar donde se produjo la primera estafa piramidal de la historia, a manos de Baldomera Larra, hija del famoso escritor Mariano José de Larra. Durante gran parte del siglo XX fue la sede del Círculo Cristiano de Obreros de San José y es entonces cuando adopta su aspecto actual, con la prolongación en altura de su fachada, una solución historicista para dialogar con el edificio aledaño, la magnífica capilla del Obispo.

Monumento nacional desde 1931, el nombre oficial de la capilla del Obispo es la capilla de Santa María y San Juan de Letrán y está ´íntimamente asociada a los Vargas. Fue edificada por mandato  de Francisco de Vargas para albergar los restos de San Isidro y se erigió entre 1520 y 1535. Es probable que también hubiera una capilla más antigua en el solar que ocupará más tarde el propio edificio, el cuál es un magnífico ejemplo de transición entre el gótico (apreciable en su trazado y planta) y el Renacimiento (claramente perceptible en su fachada norte y decoración interior). Es uno de esos tesoros escondidos que se guardan en el corazón de Madrid y que poca gente conoce. Su magnífico retablo y cenotafios de los Vargas convierten a este maravilloso lugar en una imprescindible del Madrid bajomedieval.

La intención de Francisco de Vargas de albergar los restos del santo patrón en su capilla, y de esa manera hacer visible el enorme poder de la familia en la villa, se fueron al traste cuando, en 1544 el cuerpo incorrupto del santo es trasladado definitivamente a la parroquia de San Andrés por orden del mismísimo Vaticano.

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