Entrando en Buitrago de Lozoya y subiendo por la calle Real, se llega a la Plaza de Picasso, rodeada de bares y cafeterías, en la que se sitúa un edificio bajo y moderno que es la sede del Ayuntamiento. Además de las acostumbradas  oficinas administrativas, el edificio también aloja el Museo Eugenio Arias, enteramente dedicado a exhibir las obras originales de Picasso. Pero ¿cómo diantre ha conseguido tener este pequeño y alejado pueblo de montaña una colección de obras de Picasso?  El (gran) mérito corresponde a Eugenio Arias, quien fue el peluquero de Picasso durante los muchos años que el artista vivió en la Riviera francesa, en concreto en un pueblo llamado Vallauris.

En la época en que estalló el sangriento conflicto bélico, julio de 1936, Eugenio Arias estaba trabajando como barbero en su pueblo natal de Buitrago, el cual en un  momento concreto de la contienda resultó estar situado casi en el frente de guerra. Al inicio de la conflagración, Arias, comunista militante, se unió a la refriega en un frente de crucial importancia estratégica, el de la sierra de Guadarrama; pero en poco tiempo fue enviado de vuelta a Buitrago y reabrió su peluquería, donde entre otros clientes afeitó y cortó el pelo a personajes tan célebres como los líderes militares republicanos El Campesino y Enrique Líster.

En el verano de 1937, Picasso compró una casa en el pueblo francés de Vallauris. Por casualidad, tras la derrota de la República, Arias escapó de España y estableció su residencia en el mismo pueblo al que Picasso se había trasladado, donde consiguió trabajo en otra peluquería. Como era de prever, en poco tiempo los dos exiliados españoles fueron presentados y Picasso empezó a frecuentar la barbería de Arias. Ambos tenían en común ser miembros del Partido Comunista y, además, eran unos apasionados de la tauromaquia.

Siempre que Picasso iba a la barbería, otros clientes, en consideración hacia la fama mundial del artista, le cedían el turno en lugar de dejarle esperar a que le tocara. En consecuencia, en un momento determinado, Arias sugirió que en lugar de que el artista fuera a su peluquería, él mismo iría a su casa a cortarle el pelo. El acuerdo funcionó perfectamente, y cuando Picasso posteriormente se compró una nueva villa cerca de Cannes, Arias continuó atendiendo las necesidades barberiles del pintor. En ocasiones, Arias llevaba consigo una botella de coñac o jerez. Otras veces, el barbero lo visitaba sólo para charlar.

El barbero se negaba a cobrarle a Picasso por sus servicios, y en compensación Picasso le hacía a Arias algunos regalos. En una ocasión, el pintor llegó a regalarle un Dauphine, para que pudiera ir en coche a su casa en lugar de coger el transporte público. Pero lo habitual era que los regalos fueran esbozos, garabatos, libros dedicados por el artista u objetos de cerámica decorados por él. Arias, por supuesto, era plenamente consciente del valor de tales regalos. Una vez, un torero de Murcia le enseñó al barbero una montera que Picasso le había firmado después de que este hiciera una buena faena en la plaza. Arias le aconsejó que guardara  celosamente esa montera, porque era muy valiosa. Años después, el torero telefoneó a Arias desde España y en el curso de la conversación le dijo que había vendido la montera: “¿Por qué lo hiciste?” le inquirió Arias. “Un americano quería comprarla. Con lo que me pagó pude comprarme una casa”, le contestó el matador.

Arias comentaba: “En aquel tiempo le prometí que donaría todas sus pinturas, piezas de cerámica y una pequeña caja de madera que me regaló a mi pueblo natal, Buitrago de Lozoya. Picasso me abrazó y me dijo que me ayudaría en ese proyecto”.

A partir de 1977, tras la muerte de Picasso acaecida cuatro años antes y la del general Franco en 1975, Arias solía volver de vez en cuando a Buitrago para pasar unos pocos meses al año allí. Finalmente, en 1985, Arias pudo cumplir su promesa con la apertura del museo que hoy lleva su nombre. La cesión de la colección de Picasso fue un acto lucrativo para Arias. Éste percibió unos suculentos ingresos mensuales de 400.000 pesetas (unos 2.400 euros) por su donación. Entre los objetos que se exhiben en el museo está un esbozo que el artista completó el 24 de octubre de 1960, titulado simplemente La Española y que se basa en una fotografía de la madre de Arias. La imagen fue usada en 1961 como el tema central de un famoso póster expuesto durante la Exposición Internacional de Arte organizada en apoyo de un movimiento de liberación de prisioneros políticos en España.

Ésta es la curiosa historia del interesante museo dedicado a Picasso que podemos encontrar en la bonita localidad de Buitrago.

Texto incluido en nuestro libro ‘Madrid 3, La Comunidad’.

Madrid Oculto 3