Los rótulos que antaño identificaban Madrid se están perdiendo. Formaban parte del paisaje urbano y eran el señero de la actividad comercial, la institución o la empresa a la que representaban.

Poco a poco van desapareciendo los signos de otra época que caracterizaban un Madrid antiguo y castizo, recordado ya con nostalgia por muchos de los que sobrevivimos al cambio.

Esas tipografías, símbolos y colores que identificaban las fachadas, por ejemplo, de tabernas, restaurantes, comercios no son iguales en todas las partes del mundo; retirarlas de donde estuvieron durante años supone acabar con el patrimonio cultural.

Todavía se pueden ver en Madrid míticos rótulos, algunos de la segunda mitad del siglo XIX y primeras décadas del XX. Un ejemplo son los paramentos e interiores cubiertos de azulejos de la Peluquería Vallejo (Santa Isabel, 22) y las Bodegas Rosell (General Lacy, 14).

El hierro fundido es otro de los materiales que se utilizaban; se puede ver en la Cuchillería Viñas (Atocha, 62). También existían las técnicas mixtas, como la de Lhardy (Carrera de San Jerónimo, 8).

Los pintados al ácido como los de Comercial Amparo (Marqués viudo de Pontejos, 5) y la Librería Moya (Carretas, 29) o la técnica de letras en relieve de madera o metal, como en El anciano rey de los vinos (Bailén, 19) son otros de los memorables que aún se mantienen.

 

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