La semana pasada, después de cuarenta y cuatro años, se abrió al público la Capilla del Obispo situada en la Plaza de la Paja. Uno de los mejores ejemplos del gótico madrileño había caído casi en la ruina, pese a estar declarada Bien de Interés Cultural.

El proyecto ha estado financiado por la Fundación Caja Madrid y la Comunidad y ha costado algo más tres millones de euros. Después de cinco incesantes años de trabajo se ha rehabilitado íntegramente la iglesia y su sala capitular.

Durante los trabajos de restauración se encontraron vestigios arqueológicos presumiblemente de la época islámica. Bajo el suelo del templo se han descubierto restos de hasta cincuenta personas. Estos enterramientos han sido expuestos en una vitrina arqueológica abierta en el suelo de la iglesia.

A partir de ahora se puede visitar el templo y la capilla,  fundada en el siglo XVI por Francisco de Vargas y Medina, como templo funerario para albergar los restos de San Isidro -actualmente en la Capilla de San Andrés-.

Es digno de contemplar la joya de la capilla renacentista: el retablo mayor de 1550, obra maestra de Francisco Giralte -discípulo y colaborador de Alonso de Berruguete-, los retablos menores y los sepulcros en forma de hornacina. Éstos corresponden a los padres del fundador, don Francisco de Vargas y doña Inés de Carvajal.

Se ha recuperado la estructura y los bienes inmuebles de la Capilla. Además, se ha incluido un retablo donado por el Ayuntamiento de Madrid de finales del XIX o comienzos del XX y una nueva pila bautismal cedida por el Museo Nacional de Ciencias Naturales.

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