Benito Pérez Galdós, viajó en 1889 a Inglaterra, donde visitó la tumba de su admirado Shakespeare, y se quejaba entonces de que “en España, difícilmente podríamos encontrar los restos de nuestros grandes artistas, pues incuria no nos permite vanagloriarnos de esto, y aunque sabemos que los huesos de Cervantes yacen en las Trinitarias, y en Santiago los de Velázquez, no podemos separarlos de los demás vestigios que contiene la fosa común2.

Curiosa la devoción despertada por este escritor canario en el pueblo de Madrid, hasta el punto que llegó a solicitarse que fuera enterrado en la Plaza Mayor de la capital de España. Se calcula que unas 30.000 personas pasaron por su capilla ardiente y la Puerta del Sol se abarrotó de gente para ver pasar el cortejo fúnebre, un gentío que se extendía por la calle  de Alcalá y continuaba hasta el mismo cementerio de La Almudena, donde fue inhumado. La actriz Margarita Xirgú, arrojó flores y lágrimas desde la ventana del Hotel Paris, donde se alojaba, al coche fúnebre que trasladaba los restos del escritor canario. Los balcones de las casas por donde transcurrió el cortejo se llenaron de crespones negros, y dicen que las Juventudes Sociales forcejearon por hacerse con el control de la carroza fúnebre. Los restos de Don Benito fueron depositados en la tumba común de las familias Hurtado de Mendoza y Pérez Galdós, en el cuartel 2 bajo, manzana 3, letras A que había sido adquirida por el escritor para inhumar a José Hurtado de Mendoza. A pesar de que los terrenos los había comprado a perpetuidad, una medida legal de 1954 estableció que era necesario renovar el uso cada 99 años. En 2005 el Ayuntamiento de Madrid donó a los descendientes directos del escritor los terrenos del mausoleo del cementerio de La Almudena donde descansan los restos de Galdós, para evitar que terminase en un osario.

Texto incluido en nuestro libro ‘Madrid para morirse de risa y de asombro‘.

 

Benito Pérez Galdós