Larra ya destacó en su infancia por una madurez precoz y por su facilidad para aprender y memorizar. A los diez años empieza a traducir obras del francés y a los doce escribe una gramática de la lengua castellana.
La andadura infantil y juvenil de Larra es ciertamente azarosa, razón que le impulsa a dar rienda suelta a su pluma. En un principio se inclina por la poesía: odas, elegías, sonetos galantes… etc y...