Al célebre bandolero Luis Candelas se le antojó una capa de terciopelo que vio en un escaparate cercano a la Puerta del Sol. Rápidamente, Candelas puso en marcha su proverbial imaginación.

Luis Candelas, capa de treinta durosEl bandolero observa que enfrente de la tienda de capas hay una panadería-bollería. Entra en la panadería y pide que le pongan treinta bollos pasados, que se hayan quedado duros. El pastelero se extraña y Candelas le explica que se trata de una broma que a a gastar a un amigo. Paga unos céntimos por los bollos y pide que se los reserven en la trastienda, que enseguida vendrá con e amigo y “ya verá usted lo que nos vamos a reñir”. El panadero accede pensando que será una broma de muy buen gusto, pues a nadie le pueden ofender unos bollos duros. Luis entra de nuevo a la tienda, se prueba una capa y le encanta.

  • ¿Cuánto le debo, caballero?
  • Son treinta duros – le dice el dueño

Al ir a pagar, Candelas finge que no lleva suficiente dinero y le propone al comerciante:

  • Mire, buen hombre, si es usted tan amable, acompáñeme a la panadería de enfrente. Es que el panadero es amigo mío y como precisamente me debe treinta duros, él se los dará a usted.

Entran en la tahona y Candelas, guiñando un ojo, le dice al panadero:

  • Amigo, dele a este hombre los treinta duros que me tenía usted que entregar.

El panadero, conteniendo la risa, invita al comerciante para que le acompañe a la trastienda y, ése es el momento que aprovecha Candelas para tomar las de Villadiego ondeando al viento su nueva y flamante capa.

Historia incluida en nuestro libro ‘Su Majestad escoja‘ que reúne las anécdotas más divertidas y ocurrentes acaecidas en Madrid.

Su Majestad Escoja