Dice el refranero español que “unos cardan la lana y otros llevan la fama”. Pues algo semejante ocurre con la historia de los bandoleros en España, ya que a quien se le pregunte seguramente que habla de Sierra Morena, de los bandidos que atacaban a los viajeros que iban por tierras andaluzas e incluso puede que haya quien se refiera al paso por Despeñaperros o a la serranía de Ronda como lugares donde actuaban un cierto tipo de individuo que asaltaba al transeúnte y le aligeraba la bolsa. Es más, puede que incluso digan hasta el nombre de Curro Jiménez, bandido  bandolero que existió realmente con otro apelativo, Andrés López, el Barquero de Cantillana, y que hizo popular el actor Sancho Gracia en una serie de televisión en los años setenta, pero seguro que nadie va a señalar la existencia de algún bandolero que realizó sus actividades en la provincia de Madrid, ni a reconocer que tenemos una orografía semejante a la que hay un poco más al sur, que condicionó durante siglos, y en especial, en el Siglo XIX, el paso de una meseta hacia otra, permitiendo que en sus puertos se apostasen los amigos de lo ajeno.

Los caminos reales parten de Madrid y a lo largo de ellos y en cualquiera de las cuatro direcciones naturales, nortes, sur, este y oeste, se cometían todo tipo de robos y atropellos. La diseminación de las aldeas, entre las que había grandes distancias, así como la multitud de puntos de abundante vegetación y altas sierras, eran lugares idóneos para que los bandidos se refugiasen del acoso de sus perseguidores, que nunca llegaron a tener tan buen conocimiento como ellos de esos lugares.

Bandidos y bandoleros de Madrid El norte es el más próximo a Madrid. Aquí encontramos que se trata de un paso obligado de todo aquel viajero, comerciante, arriero… que quiera moverse de norte a sur, o viceversa, y para ello tiene que atravesar necesariamente dos macizos montañosos importantes, dos sierras que sirven de frontera entre las dos Castillas y que han tenido desde el tiempo inmemorial una clara influencia en el desarrollo de cuanto acontecía a un lado y otro. Somosierra, Guadarrama y en su interior, La Pedriza son las zonas montañosas, con sus picos, cachos, senderos, bosques y recovecos, que aprovecharon durante años los bandoleros españoles afincados en las tierras madrileñas para realizar su “trabajo” y para tener en jaque a la justicia, que pocas veces consiguió derrotarles allí donde la piedra roza casi el cielo.

Toda la zona de Guadarrama, paso obligado por su puerto, el Alto del León, para todo aquel que quisiera cruzar ambas mesetas, y los pueblos de sus alrededores, sobre todo lo más al este, como Manzanares el Real, Soto del Real, Miraflores… pero sin olvidarnos de aquellos de más proximidad en el oeste, El Escorial, Los Molinos, Collado… fueron los lugares preferidos por los bandoleros para actuar en lo que hoy en día es la Comunidad de Madrid durante el siglo XIX.

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