Muchos de vosotros habréis pasado alguna vez por delante de esta tienda sin apenas daros cuenta. Hay que prestar atención para dar con ella, está subiendo la calle de la Sal, en el lado izquierdo, un poquito antes de llegar a la Plaza Mayor.

Los escaparates de este comercio tienen poca profundidad, no más de 10 centímetros. Da la impresión de que se trata de una tienda normal y corriente pero no es así. Cuando uno pasa por la estrecha entrada, se encuentra con unas escaleras que conducen a una vivienda.

Después de subir varios escalones, encuentras la tienda en el mismo rellano de las escaleras. Como hay otros vecinos que ocupan las distintas viviendas del inmueble, no se pueden bloquear las escaleras, razón por la que solo se ocupa la mitad del descansillo. Las dimensiones son muy reducidas, de aproximadamente dos metros cuadrados.

Los artículos que vende, que no son pocos, están colgados por todas las paredes, sin dejar ni un milímetro libre. Aquí uno se puede encontrar desde abanicos, collares, castañuelas, hasta figuritas, lápices, llaveros o dedales. O sea, un auténtico souvenir.

La tienda es conocida como Cordonería Fillola y la regenta Guillermo, que es biznieto de la fundadora. Este pequeño establecimiento lleva abierto desde 1921. Por su singularidad y antigüedad, el comercio está protegido por el Ayuntamiento de Madrid, prohibiéndose que se reforme o incluso que cambie de actividad.

Más información en “Madrid oculto. Edición especial” de Marco & Peter Besas.

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