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La huella de la Inquisición en el callejero de Madrid

En la antigua calle de la Paloma Baja cercana al Templo de San Francisco el Grande, vivía hace siglos una curandera llamada Juana Picazo que usaba una ampolla de cristla a manera de ventosa. Según las gentes, hacía milagros con ella por haberla usado en su día el mismo San isidro durante una enfermedad. Tras ser denunciada como hechicera, la mujer fue presa por la Inquisición y después emplumada y paseada en burro por la Villa, camino de galeras. “Su ventosa, alcanzó tal celebridad que sirvió para la denominación de la calle” por acuerdo municipal de fecha 11 de enero de 1835. Posteriormente, por otro acuerdo adoptado el 20 de octubre de 1927, la calle Ventosa se prolonga absorbiendo la calle de Gil Imón. Desde hace siglos figura con el mismo topónimo en el callejero madrileño.

La Inquisición en Madrid

Cuando la actual calle del Marqués de Santa Ana era sólo un arrabal, vivía en aquel paraje un hombre a quien llamaban “el Rubio del Arrabal” por el color rojizo de su cabello. Tenía este hombre un hijo que le ayudaba a trabajar en sus terrenos y un nieto tan pelirrojo como su padre y su abuelo, que también era conocido por el apodo de “el Rubio”. Era éste un muchacho despierto que cursaba estudios de latín con el capellán del convento de San Plácido, padre García Calderón, quien lo hizo monaguillo de la iglesia del monasterio. Las monjas llamaban al mozalbete “el Bermejo” y decían que era la figura de Judas y que por su culpa se sentían poseídas por el diablo. “A los tres años de ruido y conmociones claustrales, cuando no quedaba ya ninguna monja para exorcizar, el Santo Oficio prendió al padre fray Francisco, a la priora doña Teresa y a las monjas endemoniadas”. Ocurrían estos hechos en el año 1631. El capellán “fue condenado a reclusión perpetua, a privación de cargos y a ayuno forzoso de pan y agua tres días a la semana, y dos disciplinas circulares con duchas de agua fría. Las monjas fueron distribuidas, con escolta de corchetes en apartados conventos y la priora fue desterradas cuatro años a las ermitas de Córdoba”. Parece ser que el monago se salvó y más tarde la calle proyectada sobre su heredad se le dio nombre de El Rubio tal y como la encontramos reseñada en los planos de Espinosa y de Texeira. Conservó este topónimo hasta finales del año 1844 en el que se sustituyó por el actual de Marqués de Santa Ana.

Textos incluidos en nuestro libro ‘La Inquisición en Madrid‘.

La Inquisición en Madrid

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