De espaldas a la Iglesia de San Ginés habita un espacio cargado de encanto. Aquí, la magia se funde desde hace décadas, con el humeante aroma de las tazas de chocolate caliente que, turistas y autóctonos, toman en cualquier estación del año en la archi-famosa Chocolatería de San Ginés.

Su presencia ha otorgado a este rincón un atuendo turístico que no existía para nada algún tiempo atrás, como presenciamos en la fotografía de 1931 que nos ocupa esta semana. En aquel momento, era un lugar tranquilo y calmado, con algún puesto de venta callejera y negocios sin altas pretensiones.

En la actualidad es complicado presenciar una escena tan tranquila, por ello siempre viene bien ojear este tipo de imágenes. Para hacernos a la idea de un Madrid tan real  y olvidado como casi imposible en nuestros días.

Imagen incluida en el libro ‘Madrid, 500 fotografías antiguas

Arco de San Ginés, 1931.