Detectives, acompañamientos de vecinos, entregas de telegramas o incluso canguros. Es cierto que muchas de las ocupaciones ‘añadidas’ de los serenos fueron de lo más insólitas. No obstante, uno de los más curiosos servicios prestados por los serenos era el de “Servicio Despertador”.

Tal y como ocurre hoy en día en los hoteles, donde uno puede dar en la Recepción el encargo de ser despertado a una hora determinada, entonces había gente que hacía lo propio con el sereno. Nos situamos, sobre todo, en la época en la que comprar un reloj despertador no siempre estaba al alcance de cualquier boslillo, y en la que no todo el mundo tenía teléfono en su casa, careciendo por tanto, de la posibilidad de ser despertado con tan sólo marcar un número de tres cifras y mencionar la hora deseada. Era pues, encomendar al sereno el encargo de que le diera aviso, la única manera que tenían muchos ecinos de sueño profundo para levantarse a su hora y no llegar tarde a sus distintas obligaciones. Y allí teníamos al sereno, consultando de cuando en cuando su reloj para, a la hora precisa, abrir el portal correspondiente, subir al piso y llamar a la puerta en cuestión, tantas veces como hiciera falta  hasta que el “dormilón” se despertaba.

  • ¿Quién? – preguntaban desde dentro
  • ¡El sereno! ¡Ya son las seis!
  • Ah, sí, un momento…. –Y bostezando, abrían la puerta para darle una propinilla al solícito sereno despertador.

Por fortuna esta tarea solía coincidir lógicamente con el periodo de menor actividad en lo que a apertura de portales se refiere; por lo que, de este modo, el sereno se planificaba bien su jornada: a primera hora permitía a los vecinos entrar en su casa, y a última les ayudaba a salir de ella.

Texto incluido en nuestro libro ‘Las doce en punto y sereno

Las Doce en Punto y Sereno