Se asegura que el monasterio de El Escorial alberga la más numerosa colección de relicarios del mundo. Parece que la idea de coleccionar restos  de cadáveres venerados como santos fue de Felipe II, una colección que se compone de restos procedentes de unas 6.000 personas de ambos sexos, la mayoría de cristianos que habían sufrido martirio, desde los orígenes de la cristiandad hasta la Edad Media. Hay 12 esqueletos completos, 144 cabezas enteras y 4168 fragmentos óseos de brazos, piernas y manos. Las 7500 reliquias se guardan en 507 cajas o relicarios, concentrándose  las más importantes de la basílica. En el lado del Evangelio se guardan todos los huesos de santos y mártires; en el lado opuesto, otras reliquias de santos y mártires. Los restos sagrados se guardan en dos armarios decorados por Federico Zúccaro, divididos en dos cuerpos. Todas estas reliquias permanecen ocultas durante todo el año, salvo en la festividad de Todos los Santos, que se abren dos retablos que las alojan, para que puedan ser “disfrutadas” por el público.

De la afición de Felipe II a los ritos esotéricos y a la colección de reliquias, dan fe casos como el siguiente. El madrileño Pedro Navarro fue un afamado pirata dedicado a la venta de esclavos por las costas marroquíes. Bajo el alías de Hamete, se convirtió en un sanguinario torturados de prisioneros portugueses apresados en la batalla de Alcazarquivir. Un día, el tal Pedro renunció a esa vida de crueldad y se convirtió a la fe cristiana. Huyó hacia Masagán donde fue apresado y sometido a torturas tan crueles como las que él había perpetrado, para que volviera a renegar de su fe. Ante la reiterada negativa, sus torturadores le clavaron primero un clavo en la cabeza y, después, otro en la garganta. Tras morir, un jirón ensangrentado de su calzado llegó hasta Felipe II y se cuenta que el rey lo tuvo anudado a la garganta durante su agonía hasta que falleció.

Texto incluido en ‘Madrid para morirse… de risa y de asombro