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El Real Sitio del Buen Retiro

Hablar del Retiro supone retroceder seis siglos en la historia de nuestra ciudad. El origen del mismo tiene que ver con una costumbre muy arraigada de la Corte española de tener Cuartos Reales o residencias regias en conventos o lugares religiosos donde se retiraban para descansar durante temporadas.

A principios del S. XVI se empezó a construir la Iglesia del monasterio de San Jerónimo -en lo que antes se consideraban las afueras de Madrid-. Éste sería el germen del nuevo Real Sitio. La capilla sirvió para solemnes celebraciones y actos de la Corte.

Será durante el S. XVII, reinando Felipe IV, cuando el Real Sitio se desarrolle como conjunto arquitectónico ejecutado por Alonso Carbonell. Se ampliará con extensas superficies de jardines, fuentes, ermitas y espacios dedicados para las fiestas y el teatro.

Leonardo Jusepe, de 1636

Se construirán -alrededor de la Iglesia de San Jerónimo- una serie de estancias longitudinales con numerosos jardines privados y todo ello quedaba encerrado en una tapia que llegaba casi hasta el Prado. No eran las ermitas construcciones estrictamente religiosas, tenían aspecto profano ya que servían para el reposo y el descanso.

Entre 1734 y 1764 el Palacio del Buen Retiro se convirtió en la sede permanente de la Corte española, debido a un incendio en el Alcázar Real. Durante el S. XVIII habrá diferentes proyectos para la acomodación o transformación de este conjunto arquitectónico. Pese a los cambios, a lo largo de su historia, el Retiro siempre ha destacado por su importancia teatral y jardinística.  

Será Carlos III quien convierta este lugar en un parque público para que sus jardines sean disfrutados por todos los madrileños. Al mismo tiempo se acometerán las obras para reformar el Paseo del Prado, quedando integrado en ellas el mismo Retiro.

Durante la ocupación francesa el Retiro fue ocupado por los enemigos que lo convirtieron en un baluarte defensivo. En 1868 se desvinculó definitivamente de la Corona y pasó a ser propiedad municipal. Desde entonces es uno de los principales escenarios de recreo de la ciudad.

En 1935 fue declarado Jardín Histórico. Desde 1983 está protegido por su inclusión en la Zona Arqueológica del Recinto Histórico de Madrid. El Retiro goza de la mayor de las protecciones posibles tanto a nivel estatal como de comunidad ya que es considerado Bien de Interés Cultural.  

Más información en “Reales Sitios de Madrid” de Pilar Corella Suárez y Belén Gutiérrez Romero.

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