El puente de Segovia es el primero de los grandes puentes de piedra para Madrid dentro de la ciudad antigua. Antes de su construcción, el paso se realizaba por un puente medieval de cantería situado algo más al sur que el nuevo, aunque -en muchas ocasiones- era necesaria una barca para cruzar el río.

La ampliación de la Real Casa del Campo y el progresivo tráfico hacia la meseta y otras ciudades como Valladolid, Segovia o el nuevo Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial, propiciaron la construcción de un puente de mayor envergadura. Parece que en 1588 el puente ya estaba construido pero un año después el anterior puente aún no había sido derribado.

En su construcción intervinieron diversos arquitectos, aunque esta documentación no ha sido conservada en su totalidad. Faltan documentos de vital importancia como los planos, la memoria y las condiciones. Quedó registrado que en 1569 intervino el arquitecto real Gaspar de Vega. El proceso seguiría en un cúmulo de intervenciones de distintos arquitectos de la órbita del rey. A partir de 1577 queda documentada la intervención de Juan de Herrera.

A pesar de que el Puente de Segovia había sido construido con buenos materiales sufrió varias reparaciones. Las dos intervenciones más significativas son las de los arquitectos José de Villarreal en 1648 y Ventura Rodríguez en 1775. En las dos ocasiones se consolidó el suelo y el empedrado y se encauzó la entrada y salida del puente al Real Camino a Extremadura, una de las grandes arterias de conexión con la Corte durante el S. XVIII.

Pero no sería la última intervención, en el siglo XX, obligado por los cambios producidos en la ciudad y en la circulación y riberas del río, en 1943 el puente se amplía en anchura por el ingeniero Vicente Olmos, pasando su tablero de 8,60 a 30 metros. En la actualidad soporta un gran tráfico rodado.

Más información en “Puentes históricos de Madrid” de Pilar Corella Suárez.